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lunes, mayo 08, 2017

Una semana en Salvador de Bahía

"Eu sou a chuva que lança a areia do Saara
Sobre os automóveis de Roma
Eu sou a sereia que dança
A destemida Iara
Água e folha da Amazônia
Eu sou a sombra da voz da matriarca da Roma Negra

(...)Quem não rezou a novena de Dona Canô
Quem não seguiu o mendigo Joãozinho Beija-Flor
Quem não amou a elegância sutil de Bobô
Quem não é Recôncavo e nem pode ser reconvexo."
Reconvexo ( Caetano Veloso)

Nuestros lectores saben que conocimos Salvador en Agosto de 2016 en un viaje de pocos días y quedó pendiente el regreso que concretamos en marzo de 2017 con una visita que combinaba unos días en el Morro de Sao Paulo y una semana en esta ciudad tan especial. 
Salvador nos enamoró el primer día que la conocimos bajo una lluvia torrencial mientras recorríamos el Pelourinho. Quienes gusten pueden leer las crónicas de aquel día haciendo click aquí (parte1) o 
aquí  nuestros paseo por el Mercado Modelo o nuestra escapada a Praia do Forte aquí o en en la última parte donde describimos nuestra visita a Bonfin y a la playa de Ribeira aquí.

De todos modos haré un resumen de los lugares imperdibles de Salvador en esta crónica. 
Entre ellos se encuentra la Playa de Barra la mas popular y también mas famosa de la ciudad. Nosotros en ambas visitas elegimos alojarnos frente a la playa del puerto de Barra en el Grande Hotel da Barra. La zona es muy segura ( en cualquier caso si uno se mueve por los circuitos turísticos no hay problemas de inseguridad mas que los comunes a cualquier gran metropoli) . 

Además en aquella playa tenemos contamos con el servicial Claudio un muchacho que trabaja allí y ofrece reposeras, bebidas con heladera de telgopor incluida, comida y todo lo que se te ocurra que puedas necesitar. Pegó onda con Wally especialmente desde la primera visita así que pueden buscarlo de parte de él! 
Nuestra primera meta cuando arribamos pasado el mediodía al aeropuerto en un vuelo directo desde Buenos Aires de Aerolíneas Argentinas era ir lo antes posible a la praia da Barra. Así que luego de que el transfer de Salvador Receptivo  nos dejara en el hotel ( veníamos del Morro de Sao Pablo desde la Terminal Marítima) cruzamos la calle hasta la escalinata en busca de Claudio. Era un bellísima tarde de verano y luego del caluroso saludo a nuestro amigo allí nos instalamos a disfrutar del mar y de lo que sería un fantástico atardecer con la puesta del sol en el mar. 

Las idea era conocer algunos de los lugares que nos quedaron pendientes y volver a donde teníamos amigos. Así fue que al día siguiente, un día sábado tomamos un taxi en la puerta del hotel para ir a retirar el auto a la zona de Ondina. El chofer era muy amable como prácticamente todos los soteropolitanos y cuando le pregunté en que lugar de Rio Vermelho estaba exactamente la Casa de Lemanjá nos llevó hasta el lugar y nos esperó para que la visitáramos y tomemos unas fotos. 
Cada 2 de febrero, las playas de Rio Vermelho, en Salvador de Bahía, se visten de fiesta. Allí se congregan miles de bahianos y otros tantos forasteros y curiosos a celebrar el 
día de Iemanjá, diosa del mar y madre de casi todos los Dioses del panteón yoruba.

La Reina del Mar viste de suaves azules, celestes y blancos. Tiene grandes pechos, como símbolo de la maternidad, y su nombre significa “gran madre cuyos hijos son los peces”. Le gusta el maíz blanco, el aceite de dendê, la cebolla y el camarón. Ella es dueña de todos los frutos y riquezas del fondo del océano. Rige las aguas, decide sobre la vida de pescadores y navegantes. Todos buscan su ayuda, todos le piden favores, todos le obedecen.

Las mujeres de los hombres de mar le llevan cartas solicitando protección para sus maridos, otros le ruegan por el amor perdido o la salud de un ser querido; pero si las cartas vuelven a la costa significa que la diosa las rechazó. Los marineros le temen y la desean, y dicen que los valientes que perecen en el océano se van a dormir a su lado, para siempre, allí en el fondo del mar.

Los esclavos africanos, al verse obligados a convertirse ante la religión católica, siguieron las prácticas del sincretismo y se sincretizó a Iemanjá con la Virgen María bajo su advocación de Stella Maris, patrona de los navegantes, marineros y pescadores. 
El lugar es sencillo, pequeño y luminoso. Las imágenes son bellas y delicadas. Y en la pared están escritas las palabras referidas a la protección y al agradecimiento. Fue un un momento muy emotivo. A mi personalmente el mar me conmueve y esta imagen me llega al corazón. Cuando salimos el taxi nos estaba esperando el la Iglesia de Santa Ana que está a pocos pasos y seguimos viaje.



Retiramos el auto y repetimos el ritual de aquel primer viaje de ir a las playas de la bahía profunda a nuestra amada Ribeira y por supuesto visitar al Bar Da Vitrola. A pesar que no todos los que trabajaban allí eran los mismos nos atendieron muy bien y ese fin de semana Nancy nuestra amiga no estaría en Salvador por lo cual le dejamos nuestro cariños y recuerdo. Comimos exquisitos pittingos y camaraos, el cielo dibujó cientos de óleos y escuchamos vinilos de Gal Costa y Caetano. El mar tenía muchas algas nunca nos había sucedido, eran verdes pero resultaron molestas. De cualquier modo esa playa con los morros alrededor, la vista de Isla do Frades y la suave colina donde se desprende la figura de Nuestro Señor de Bonfin la hace única. 





El atardecer decidimos verlo desde el Ponte de Humaitá en el Farol de Montserrat una cuestión pendiente de nuestra visita en el invierno anterior. Y no nos defraudó. Había bastante gente tanto de la ciudad como turistas e incluso una pareja de novios tomándose fotografías. 

Hicimos nuestras poses imitándolos y mientras Juli nos tomaba la foto Wally me propuso casamiento aunque no lo crean...por tercera vez!!  En la puerta de un lugar antiguo unas señoras mayores estaban sentadas en la vereda y muy bien arregladas. Wally se sentó a conversar con ellas. Eran hijas de inmigrantes de países nórdicos europeos. Desde allí se puede observar la silueta de la ciudad de Salvador debido a la forma de la bahía y cuando se empiezan a encender las luces es un espectáculo aparte. Nos sentamos un rato a disfrutar del aquel momento. En medio del mar, en la Bahía de todos los Santos un crucero de enormes dimensiones atravesaba la bahía en dirección al mar, los barcos pesqueros de distintos tamaños también comenzaban a encender sus luces y las construcciones del antiguo farol y de la Iglesia de Montserrat encendieron sus colores con la iluminación nocturna. Dejamos un grafitti en una pared para tal fin. Wally sacaba muchas fotos con la reflex hasta que llegó la noche y partimos. El Farol de Montserrat es un lugar muy afecto a nosotros y creo no equivocarme si digo que también para los bahianos que concurren a disfrutar del espectáculo del atardecer. 

Esa noche volvimos al hotel y cenamos en un restaurante de Barra que nos gusta mucho y se llama Portal do Mar sobre la Avenida Sete de Setembro frente al mar. 



El domingo arrancamos temprano y nos fuimos a la Iglesia de Bonfim, yo iba con la ilusión de encontrarme a Solange , una bahiana que conocí en el viaje anterior y con la que perdí contacto. Pero no la encontré. Las calles del barrio de Bonfim son muy particulares en su arquitectura por la clara influencia portuguesa. 
Nos sorprendió la multitud de gente que llegaba al templo Nuestro Señor de Bonfim el de las famosas cintitas. La misa esta dándola el sacerdote desde las escalinatas hacia la plaza que estaba colmada y adentro también estaba completa. Con dificultad logramos entrar. Nos dimos cuenta que era un domingo de cuaresma y allí encontramos las razones. Al habitual sentir espiritual de aquel lugar se sumaba una devoción mucho mas profunda. Compramos cintas, atamos cada uno la suya, adentro Julian y María del Carmen recibieron la bendición del sacerdote, yo encendí una vela como siempre por la salud de todos los seres que amo y una vez mas la recorrimos  viendo tanta gente unida en la fe y con una alegría única. Se percibe en ese lugar la alegría de quienes tienen fe. Se percibe la libertad de expresarla sin condicionamientos. Se percibe la espiritualidad de Dios o de los Orixas o de quien cada uno crea que fuera.   
Nos fuimos felices nuevamente a Ribeira a disfrutar otro día de playa ya que finalmente estábamos muy cerca. Como un ritual pasamos antes por una distribuidora de la zona a comprar las latas de Skol y el agua mineral para el conductor y quien escribe. De vez en cuanto Wally y Mari nos convidan con alguna.....;) El atardecer fue bellísimo y sereno. 
A la noche nos fuimos con el auto al Pelourinho y nos encontramos en el Terreiro de Jesus con un show municipal en plena plaza de samba con unos músicos increíbles. Bailamos y cantamos en medio de la gente. El barrio alto es muy pintoresco pero a la noche cambia y con su iluminación se vuelve un lugar distinto al que se puede disfrutar de otro modo. Nosotros dejamos el auto sobre la calle de la Basílica de San Francisco porque allí hay un cuida coches que conocimos en una circunstancia muy particular. En el viaje anterior Julian había sido interceptado en la plaza frente al elevador de Lacerda por una mujer que dijo poder descontracturar las tensiones pero no termino de ofrecer su servicio cuando tenía a Juli colgado de su espalda. En aquel momento la situación fue tan bizarra que solo de recordarlo no puedo parar de reírme. Pasado unos días subimos al barrio alto y cuando fuimos a dejar el auto sobre esa calle estaba ella con su esposo que era quien cuidaba los autos y por supuesto nos reconocimos. En esta oportunidad dejamos el auto y preguntamos por este muchacho que recordó todo y nos contó que había fiesta y música en vivo y allí fuimos. 
La felicidad se llama bailar samba en el Peló como lo llaman sus habitantes al menos yo lo recuerdo aún como un momento soñado.  






Al otro día tomaríamos la ruta hacia el norte pero previamente hicimos algunas compras y subimos al Pelourinho para comprar unos instrumentos de percusión. Trajimos un repique, y dos elementos de percusión de Filhos de Gandhi que yo admiro mucho. Luego arrancamos por la costa  para conocer la playa de Itapua, importalizada por canciones como Tarde en Itapua de Vinicius de Moraes y Toquinho.  Itapuã es una playa mítica de Salvador de Bahía, una de las últimas antes de salir del perímetro de la ciudad hacia Lauro de Freitas, y que es famosa por haber sido el gran reducto bohemio de los 70. A ella le cantaron Vinicius de Moraes y el gran cantautor bahiano Dorival Caymmi, también la homenajeó Caetano Veloso en su preciosa canción Itapuã cuya letra dice: “Ella fue mi guía cuando yo era alegre y joven”.
La playa de Itapuã es una playa de aguas calmas y cálidas, coronada por arrecifes que mantienen las olas bajas y el agua tranquila. Ideal para bañarse sin esfuerzo, sin tener que luchar contra las olas o corrientes furiosas.  Es una delicia quedarse tomando unas cervezas heladas con amigos hasta el atardecer en algún bar 
Esta playa se caracteriza, además, por sus formaciones rocosas que, cuando la marea baja, se convierten en piscinas naturales perfectas para bañarse sin riesgos y con unas arenas muy blancas y limpias. Lo de sin riesgos es una forma de decir. Fuimos con Wally nadando hasta unas rocas rodeadas de arrecifes que había que sortear para treparlas. Yo desistí cuando me sumergí y vi semejante barrera porque noté que pinchaba. Pero Wally lo hizo y estuvo semanas sacandose pequeñas espinas tipo agujas que suponemos son tentáculos de algo de su talón. 

No siendo ese detalle la playa resultó maravillosa, comimos rico y tomamos algunas caipirinhas. Escuchamos un poco de música en vivo al atardecer en el bar Boteco da Torre. Luego nos cruzamos a la Plaza Dorival Caymmi quien se destacó musicalmente tanto por desarrollar un estilo propio, como por ser autor de varias canciones clásicas dentro del ámbito de la música popular. Su estilo sencillo, fuertemente influenciado por el peculiar entorno pesquero de Bahía y su cotidianeidad, ha quedado plasmado en composiciones tales como Promessa de Pescador y O Vento. Sus sambas se han convertido, con el tiempo, en estándares de la música popular brasileña. Tal es el caso, por ejemplo, de composiciones como O samba da minha terra.

João Gilberto y Tom Jobim lo consideraron precursor directo de la bossa nova. Jobim, en particular, señaló especialmente como moderna la manera de tocar la guitarra de Caymmi.
Entre los varios músicos fuertemente influenciados por Dorival Caymmi se encuentran también Caetano Veloso y Gilberto Gil. Este último le dedicó Buda Nagô, canción que grabó en el año 1991.
Le pedí a Juli que me tomara una foto con un monumento que lo recuerda y luego visitamos la Iglesia Nuestra Señora de la Concepción de Itapúa. 

Volvimos a Salvador para salir a cenar y esa noche elegimos el Shopping de Barra y el restaurante italiano Oliva y fue un acierto, un tenedor libre de pizza y pasta que las cocinan a la vista. Cuando entramos al Shopping estaba una editorial presentando unos libros así que nos quedamos un rato tomando un champagne y me compré un libre de arte "Agua, reflexo na arte da Bahía" de Matilde Matos que guardo como un tesoro y me amplio el panorama del arte plástico de Brasil. 
Jeiki (el trapito que corre) 
Nuestro último día en Salvador fuimos de compras al Mercado Modelo con la intención de encontrar a Pedro, nuestro vendedor favorito. Quienes deseen saber quien es Pedro deberán remitir a las notas de nuestra visita a Salvador que linkié mas arriba. Hacía meses que soñabamos y nos divertíamos con el encuentro. Apenas llegamos con el auto al mercado vimos que no era como en invierno que pudimos estacionar en la puerta sino que un muchacho nos guió hasta donde podríamos dejar el auto en medio del tráfico convulsionado de la zona. 


Pedro y Wally
Realmente fue insólito, el chico corría literalmente adelante de nuestro auto y despejaba el camino por aproximadamente dos o tres cuadras en medio de todo ese caos. No había autobus enorme o auto que se le resistiera. Así llegamos a un lugar donde estacionar en una calle céntrica. Fue una escena de esas que solo se viven en una pelicula de Fellini o en Salvador de Bahía. Nuestra meta antes de entrar a comprar a los puestos del mercado era localizar a Pedro. Finalmente lo logramos. En verano no les permiten vender dentro del establecimiento así que charlamos afuera.
 Le compramos un nuevo collar con el dije de un birambao como el que llevaba del año anterior y nos sacamos fotos. 

Luego entramos al Mercado Modelo a comprar algunas cosas, entre ellas un pareo que había visto enfrente de la Iglesia de Bonfim y lo dejé para otro momento. En ningún puesto estaba el pareo de Olodúm que había elegido así que nos fuimos hasta Bonfim y lo compré allí. Llevábamos diez días entre nuestra estancia en el Morro y la semana en Salvador,  realmente nunca dejamos de ir a la playa por ello es que dejamos para último momento estas compras. 
Si en Agosto el clima no fue muy bueno este marzo lo compensó con creces. 


Era casi mediodía y elegimos almorzar al restaurante del  Yatch Club Da Bahía que estaba siguiendo un camino se subida frente al hotel que bordea el mar. Una panorámica del Porto de Barra y de la Bahía increíble nos acompaño en la empinada calle. Paramos a tomarnos fotos y realmente todo era una postal. Se llama Veleiro una  cocina de alta calidad y excelente servicio con una vista privilegiada de la Bahía de Todos los Santos a cargo del chef Fernando Cerqueira. 

Pedimos una entrada que no recuerdo el nombre pero traia distintos tentenpies y panes exquisitos. Bebimos caipirinhas de aperitivo y luego elegimos dos platos: un risoto de frutos de mar y salmón en una puré dulce no recuerdo exactamente los ingredientes pero era exquisito. 
Desde allí regresamos el camino hasta la playa. Era un día muy caluroso, había que entrar al mar bastante seguido , corrieron las cervezas que Claudio nos reponía en la heladerita. Reflexionábamos acerca de los chicos que jugaban fútbol en la playa y en todos los casos sin excepción, lo hacían con técnica y buen pié. Lástima que los argentinos no tenemos ya potreros y los pibes no juegan al fútbol por diversión sino desde pequeños en clubes fichados.  Era el comienzo del fin de nuestro ansiado regreso a Salvador. Aquella tarde fue el preludio del final mas hermoso del mundo. Nunca me había sucedido lo que voy relatarles. El atardecer en la playa de Barra siempre es un espectáculo pero aquella tarde en que se despedía también el verano del Hemisferio Sur fue apoteótico. Wally nado hasta algunas embarcaciones  donde haciendo la plancha se quedó mirando la puesta del sol. Julian y yo disparábamos las fotos sin parar hasta que decidimos mirarlo solo con nuestro propios ojos. La playa estaba llena de gente. En el instante último en que se perdió completamente dentro del horizonte toda la playa estalló en aplausos. Aún hoy lo recuerdo y la piel se me eriza. Cuando uno ansía mucho algo , cuando sueña denodadamente el universo conspira a nuestro favor. Valió la pena la espera de los largos nueve meses desde el viaje anterior cuando nos vinimos llenos de saudades. Nos quedamos en la playa cuando la noche ya estaba consumada. No queríamos irnos, creo que hubieramos detenido el timpo allí. Pero la vida sigue....y sabemos que vamos a volver porque no hay dos sin tres y porque uno siempre regresa a los lugares donde ha sido inmensamente feliz. 


Atardecer en el Porto da Barra 21 de marzo de 2017
Marzo de 2017
En Salvador de Bahía nos alojamos en el Grande Hotel Da Barra
Comimos en los siguientes restaurantes: 
Oliva 
Veleiro 
Portal do Mar 
Volamos por Aerolineas Argentinas 
Salvador Receptivo fue nuestro transfer 
Visitamos las playas de Itapua, Ribeira, Barra y Rio Vermelho
Atracciones mas importantes: Pelourinho ( de día y de noche) Mercado  Modelo, Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim, Elevador de Lacerda y el Farol de Montserrat. 

 Gracias a todos!!










































lunes, abril 17, 2017

Morro de Sao Pablo: Excursión a Gamboa

"Éramos tan ingenuos. No sabíamos adónde nos llevaría el camino, no teníamos ni idea de que nos separaríamos. Playa, mar, cielo. Estaban ahí para nosotros y nada más que para nosotros. Un mundo sin fin."
Garth Stein

Nuestro tercer día en el Morro de Sao Paulo tomamos una excursión que recorría Ponta do Curral , un hermoso banco de arena desde donde se puede temer una vista del morro para continuar hacia una playa cercana a Gamboa donde una pendiente del macizo que emerge del mar ofrece baños de arcilla rosa con propiedades exfoliantes de la piel. Finalmente ya en la playa de Gamboa el almuerzo con platos bahianos, pescados y frutos de mar. La playa de Gamboa es un lugar de relajación ya que cuenta con una enorme playa de arenas blancas, aguas serenas y un paisaje de ensueño.

A la hora del desayuno encontramos en el lobby del hotel una iguana enorme y bella sobre un sillón.
La mascota de la Pousada Bahía Bacana resulto ser muy amigable y dado  mi particular amor por los reptiles disfruté mucho ese encuentro cercano.
Desde la Tercera Praia partimos una vez mas hacia el mar pero mientras  esperábamos bajo las generosas hojas de una  palmera un pequeño cangrejo amarillo nos vino a visitar. Era realmente bonito. Daba vueltas alrededor de las piernas de Mari y nos entretuvimos con la situación. Esa naturaleza animal integrada al lugar y a sus
visitantes es algo que caracteriza al morro.


Esta especie de cangrejo se llama Guaiamu de concha azul tiene
unos 10 cm. Las patas delanteras, equipadas como pinzas tienen forma desigual, una es grande y la otra más pequeña lo que les facilita llevar la comida a la boca, esto es así para los machos. . Las hembras en la época de desove toman el color del casco y los dedos en los tonos de color crema o amarillo. El macho es mucho más grande,y su coraza es de color azul. Allí estábamos frente a un Guaiamu hembra muy simpático cuando a pocos metros una lagartija se camuflaba entre la arena y alguna vegetación.
Demoramos un poco la salida porque aún no habían terminado de dejar el pequeño puerto las embarcaciones que iban a Boipeba , la que nosotros habíamos hecho el día anterior y si les interesa pueden leer en Excursión al Paraíso de Boipeba. La Prefectura controla que la  cantidad de embarcaciones y la capacidad máxima de pasajeros sea la permitida. Así fue que la marea fue subiendo y cuando nos tocó embarcar tuvimos que llegar con el agua por la cintura. Es tan placentero caminar en esas aguas límpidas y cálidas , en ese momento hasta ese barco tan pintoresco de madera que se llamaba Kiaora, nos acompañó un guía llamado Bruno que hablaba español y fue realmente de excelencia.
Navegamos hacia una barrera de corales donde hicimos la primera parada para disfrutar el snorkelling a pleno. Esta vez Julian con la Go Pro Hero  en mano nos permitió guardar el recuerdo. Con alguna de las tomas edite un video que de algún  modo evoca aquellos momentos de contacto con la barrera de corales y sus habitantes. Para mi fue algo mágico, de película, la atracción que ejercía ese mundo apenas submarino me encandiló para siempre.
Aquí les dejo el video



Un rato después navegamos en dirección a la Ponta do Curral mientras veíamos una panorámica del morro con su farol erguido y elegante en medio del mar. Y pasamos por nuestra playa donde un giro fue dejando atrás la imagen de la Primera Playa y nos dirigimos a espalda del morro a nuestra siguiente parada. Un banco de arena en medio del mar. Lo recorrimos caminando bajo el fuerte sol del mediodía y tengo aún la luz de aquellos instantes en mi retina. Era la postal de un film de corsarios. 


Y así seguimos, esta vez rumbo a Gamboa, nos detuvimos en una playa donde una altísima pared de la montaña nos ofrecía su arcilla rosa y con Mari nos embadurnamos todo el cuerpo . Los muchachos no quisieron probarla pero se divirtieron filmando la escena en que nosotras y muchas otras mujeres parecíamos de alguna tribu. 



De pronto apareció una nube que descargo su lluvia sobre nosotras que a esa altura estábamos dentro del mar enjuagando nuestra piel, que nos quedó como si fuéramos bebes. La lluvia de verano fue sumó un plus a nuestra alegría. Julian nos filmo cantando y bailando bajo la lluvia, Walter se refugió en el Bar do Peter, un parador con toda la onda del mundo que esa noche hacía una fiesta en la playa a la que nos hubiera gustado ir. 



Cuando nos embarcamos nuevamente ya el cielo estaba despejado y unos minutos después estábamos en la playa de Gamboa bajo la sombra de los cocoteros comiendo la exquisita gastronomía bahiana. Pasó un muchacho vendiendo jabones de arcilla rosa con distintas propiedades y disfrutamos de una sobremesa perfecta.



Al regreso vimos como el sol bajaba sobre la linea del mar y la silueta del morro con algunas barcazas de pescadores nos acompañó en el camino y cuando arribamos al puerto del Morro de Sao Pablo parecíamos cuatro locos con una mezcla de alegría, emoción. Ese puerto era del algún modo nuestro hogar, cada día habíamos arribado a él con la sensación de volver a casa porque el Morro de Sao Paulo te brinda la calidez y el amparo de la naturaleza misma.

Subimos la empinada cuesta una vez mas muertos de risa. Al llegar al centro tomamos fotos en un local muy peculiar lleno de esculturas locales algo bizarras en la paredes y seguimos camino a la posada.

 Con las últimas luces del día subimos a la terraza de la posada y pedimos unos tragos, yo elegí un mojito delicioso. La terraza tenía a un costado un vergel de plantas aromáticas y vi cuando el barman cortó la rama de la hierbabuena. Allí todo era azul, la piscina, el cielo, el mar por reflejo del cielo y viceversa. Aún recuerdo el momento en que Walter disparó el click sobre mi cuerpo dentro del agua. Y sin filtros la foto es azul. Esa noche volvimos a la comida italiana de la Tercera Praia y al regreso nos alcanzó un aguacero. Julian y yo decidimos volver al trote bajo la lluvia tropical las calles que suben y bajan al lado del mar. Atras, algo rezagados y mas precavidos llegaban Mari y Wally riéndose. Esa noche no vimos salir la luna pero el sol lo llevábamos en la piel bronceada y feliz como nuestras almas. 


Los tours que realizamos en nuestra visita al Morro de Sao Paulo fueron contratados a Zulu Turismo 


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